A día de hoy está aceptado que la mejor alimentación para el bebé es la leche de su madre y que la lactancia materna debería ser el único alimento que recibiera el bebé durante los primeros seis meses de vida. No conozco a ninguna embarazada primeriza cuya intención sea alimentar a su bebé con biberones.

Sin embargo, la realidad es diferente, y basta con pasarse por cualquier supermercado para descubrir una gran variedad y abundancia de leches de fórmula, señal de que son productos de alta demanda.

¿Qué está pasando para que la voluntad de la gran mayoría de las madres de amamantar a su bebé termine por fracasar? ¿Por qué, una vez asumido el biberón, nadie se atreve a hablar del tema?

En mi modesta opinión, se trata de un problema de información que sobre todo pivota en torno al “dogma del biberón prohibido”.

Puede parecer que hay mucha información sobre lactancia materna: blogs, libros, cursos, grupos de lactancia… Sin embargo, esta información omite o presenta de manera sesgada la realidad biológica de la regulación de la lactancia materna. Esta realidad es que, se haga como se haga, una madre tardará tres o más días en tener leche. Es indiferente que el bebé se ponga a mamar “a demanda” puesto que la succión del bebé no produce la subida de la leche. La succión del bebé es imprescindible para mantener la lactancia una vez que ésta está establecida, pero no sirve para iniciarla. Si durante esos tres primeros días la madre trata de amamantar a un bebé hambriento sin ayudarse de biberones, lo único que conseguirá es recibir tirones y mordiscos del pobre bebé, que, por mucho que se esfuerce, no saca nada o no lo suficiente. Para cuando la madre empiece a producir leche, ya tendrá los pezones llenos de grietas sangrantes que harán de la lactancia una experiencia agridulce. Esto, suponiendo que durante esos días de secano el bebé no se haya deshidratado y desnutrido, y que no llegue amarillo a la primera revisión del pediatra.

Con un bebé enfermo de hambre ya dará igual si la madre tiene leche o no, porque la lactancia está sentenciada. La madre se sentirá traicionada porque las cosas no han sido como le habían contado: ella lo había hecho todo bien, le había dado de mamar aunque el pecho le sangrara, pecho y sólo pecho a la espera del milagro y, sin embargo, su preciado bebé está debilitado y desnutrido. A esta madre nadie la va a convencer de que siga haciendo lo mismo.

Si acudimos a un manual de lactancia la única recomendación para estos primeros días será precisamente ésa: ponerse el bebé al pecho y “esperar”. El manual desaconseja dar biberones porque el niño “se acostumbra” y “se confunde”. Vamos, que si el recién nacido prueba el biberón ya nunca sabrá cómo mamar. Cuando la madre lo está haciendo todo perfecto (según el manual) y a pesar de ello el bebé sigue llorando y perdiendo peso, la conclusión del manual puede ser tan peregrina como que el niño no sabe mamar por culpa de la anestesia que recibió la madre. El manual de lactancia continuará explicando que no existen las madres sin leche, dado que eso hubiera supuesto la extinción de la especie, que la madre debe seguir dando el pecho aunque tenga grietas y mastitis, y un largo etcétera que en vez de fomentar la lactancia materna sólo consigue avergonzar a la pobre madre y alejarla cada vez más del objetivo de una lactancia materna exclusiva.

Vamos a analizar dónde está el error y por qué estos consejos están consiguiendo que las leches de fórmula se vendan más que nunca.

CÓMO SE REGULA EL INICIO DE LA LACTANCIA

Para que se produzca la leche es necesaria la hormona prolactina, que se empieza a segregar a dosis muy elevadas desde el inicio del embarazo. Sin embargo, durante el embarazo la madre no tiene leche y esto se debe a que, tanto la placenta como las hormonas del embarazo, bloquean su producción.

Es decir, si la madre tiene prolactina, pero también tiene estrógenos, progesterona y placenta, no se producirá leche.

Durante el embarazo hay muchos, muchísimos estrógenos, y su desaparición requiere varios días. El hecho de que los estrógenos bloquean la producción de leche es el motivo por el que una mujer lactante no puede tomar los anticonceptivos tradicionales.

Para que la leche salga del pecho es necesaria la hormona oxitocina, que se empieza a segregar durante el parto y cada vez que el bebé mama. Pero ojo, la oxitocina hace que la leche salga, no que la leche se produzca. Es decir, cuando el niño mama, logra que el pecho le ofrezca la leche que ya había producido, pero no que aumente la producción.

Para que se mantenga la producción de leche, además de la prolactina, es necesario que el pecho se vacíe de manera regular. La leche contiene una sustancia llamada “factor inhibidor de la lactancia”. Sólo cuando la leche es extraída del pecho y con ella desaparece el “factor inhibidor de lactancia” se producirá más leche.

¿Por qué las madres no tienen leche inmediatamente después del parto? Pues porque, como hemos dicho, los niveles de estrógenos y progesterona tardan varios días en bajar. Si, además, ha quedado adherida al útero una pequeña parte de la placenta, le leche puede tardar más de una semana en aparecer.

¿Qué puede hacer la madre para acelerar la producción de leche? Absolutamente nada. ¿Sirve de algo darle de mamar al bebé? No, no sirve para nada. El bebé se puede poner al pecho durante unos minutos al día para que tome el calostro, que es un suero muy nutritivo rico en factores inmunológicos, pero que no le quitará el hambre.

Tan claro es que la subida de la leche no depende de la succión del bebé que cuando el bebé muere en el parto, la pobre madre se tiene que enfrentar a la subida de la leche y no es tan fácil lograr que esta leche desaparezca con las clásicas pastillas para retirar la lactancia.

Sin embargo, ante la madre que ve pasar los días sin tener leche, la maquinaria de la información moderna sobre la lactancia materna negará esta realidad biológica y hará alusión a la sabiduría de la naturaleza y a que las madres prehistóricas no tenían biberones.

Pues la verdad es que ignoro lo que hacían las madres prehistóricas, pero lo cierto es que en los enterramientos de bebés han aparecido artilugios destinados a ofrecerles alimento líquido.

Sin irnos a la prehistoria, revisando manuales de ginecología y pediatría de hace no tantos años, descubrimos que a los niños se les daba té o agua con azúcar a la espera de que a la madre le subiera la leche. Vamos, que no los dejaban llorando de hambre. Algunos manuales antiguos incluso desaconsejan que el niño mame hasta que la madre se haya notado la subida de la leche, y esto posiblemente esté encaminado a evitar las grietas en la madre y la frustración en el bebé.

La realidad es que no hay ningún problema en que el niño reciba biberones durante los primeros días, hasta que la madre tenga leche, y desde luego que no perjudicará a la aparición de la leche. Entre tanto, la madre se lo puede poner a mamar unos minutos cada día (no unas horas y no un millón de veces) y puede aprovechar para aplicarse pomada de lanolina para fortalecer los pezones; así, cuando tenga leche, el bebé se pondrá a mamar tan tranquilo y la lactancia materna será un éxito.

¿Se acostumbrará al biberón? ¿Rechazará la leche  materna porque le guste más la de fórmula? En mi humilde opinión, es poco probable que un bebé rechace el pecho por haber tomado un biberón. Los niños están preparados para mamar y son mucho más inteligentes de lo que pueda parecernos. El niño sabe quién es su madre y nace deseando sentir su calor y succionar de su pecho. Un niño puede tener el estómago repleto de leche de fórmula, pero, si la madre le ofrece el pecho, se enganchará y succionará.

El mensaje que quiero hacer llegar es que durante los tres primeros días (o más) la madre no tendrá leche puesto que biológicamente es así. Da igual que el niño mame o no mame. Durante esos tres días es importante que el bebé no pase hambre y que la madre no se destroce los pechos intentando lo imposible. Tres días parecen poca cosa, pero para un recién nacido hambriento y una madre agotada, son todo un mundo. Si el bebé en este tiempo recibe leche de fórmula y la madre llega con el pecho sano a la subida de la leche, no habrá ningún problema en pasar a la lactancia materna exclusiva. En mi opinión, es la obstinación de no ofrecer un biberón jamás la que se está cargando la lactancia.

EN CONCLUSIÓN:

  • Las mujeres no tienen leche en los primeros días tras el parto.
  • La “subida” de la leche depende de que bajen las hormonas del embarazo, no de la succión.
  • La succión del bebé mantiene la producción de leche, pero no la inicia.
  • La anestesia epidural no tiene ningún efecto en la producción de leche ni en la habilidad para mamar del bebé.
  • El bebé necesita hidratación y nutrición, que en los primeros días no puede obtener del pecho.
  • Desde siempre se ha alimentado con agua glucosada, té y otras bebidas a los recién nacidos a la espera de la aparición de leche.
  • Si en los primeros días tu hijo toma biberón, estará sano y nutrido para cuando tú tengas leche.
  • Ponerse el niño al pecho un millón de horas durante los primeros días sólo conduce a un bebé frustrado y hambriento y a una madre con grietas en los pezones.
  • El bebé sabe quién es su madre; mamará igual aunque haya recibido biberones.

 

By Ángeles Vidales Miguélez

CLÍNICA NYEVA, NUTRICIÓN Y ENDOCRINOLOGÍA EN VALLADOLID

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