Con la era de la información hay muchos mitos en medicina que se han estructurado; es decir, que ya no sólo es la idea base del mito (por ejemplo, que si una persona con diabetes toma pasteles se morirá de un coma diabético), sino que se pueden encontrar centenares de webs describiendo pormenorizadamente por qué ese mito es verdad, hasta el punto de no poder distinguir la información verdadera de la falsa.

Uno de los mitos que va cogiendo fuerza es el de las hormonas en los alimentos que producen pubertad precoz en las niñas.

Todos los mitos tienen una parte real, yo digo que son historias “basadas en hechos reales”. Es cierto que hace no tantos años se encontraron hormonas en la carne de pollo y ternera que se habían utilizado para el engorde de los animales, pero esto fue hace mucho, mucho tiempo, y como voy a explicar, aunque sean hormonas, no puede producir pubertad precoz en una niña, dado que no son hormonas relacionadas con la pubertad femenina.

¿Qué es una pubertad precoz ? La pubertad precoz femenina es la aparición en una niña de rasgos físicos de mujer antes de la edad habitual; además, es necesario que haya repercusión en la talla final para que se considere un verdadero caso de “pubertad precoz”.

¿Puede la pubertad precoz en una niña tener relación con la alimentación? Sí, pero no de la manera en que se cree. Existe un tipo de hormona “fememina”, la estrona, que se sintetiza en la grasa. Cuanta más grasa tenga una persona, más estrona tendrá. Si una niña pesa muchísimo, hasta el punto de que en su grasa se produzca una cantidad significativa de estrona, y si esto sucede a gran velocidad, es posible que el cuerpo interprete que ha comenzado la pubertad y colabore produciendo una pubertad auténtica. Un caso habitual es el de niñas que son adoptadas y pasan de una alimentación restringida a tener todo tipo de alimentos a su disposición; en estas niñas es conocido que se puede producir una pubertad precoz. Lo mismo pasa con la niña que sufre bullying o una experiencia vital traumática, y se consuela comiendo.

Hago énfasis en que tiene que ser un cambio muy rápido y muy drástico, es decir, pasar de un peso “demasiado bajo” a un peso “demasiado alto” en muy poco tiempo. En el caso más habitual de una niña que tiene sobrepeso, pero que ha ido engordando poquito a poco, al no haber “pico” de estrógenos, no es habitual que se adelante la pubertad.

Siguiendo con la estrona en personas obesas, esta hormona es la causa de que varones muy obesos desarrollen caderas y tejido mamario. También es la causa por la que la gran obesidad baja la libido en hombres.

Volvemos con el tema de la alimentación. Hemos dicho que la alimentación excesiva con ganancia rápida de peso en un periodo corto de tiempo puede producir pubertad precoz en niñas. Pero, ¿hay algún  alimento que por sí mismo tenga el mismo efecto? Aquí entra al escenario la carne de pollo presuntamente tratada con hormonas, en especial las pechugas de pollo, pero se mete en el mismo grupo a todos los alimentos con “disruptores endocrinos“.

Cuando nosotros comemos pollo (o ternera o cualquier tipo de carne), estamos tomando fundamentalmente el músculo del animal. En el caso de la pechuga de pollo, no comemos las glándulas mamarias del pollo (entre otras cosas porque el pollo es un ave y no tiene glándulas mamarias), sino sus pectorales. Esto significa que si un ganadero corrupto deseara aumentar la producción de carne, jamás daría estrógenos a sus pollos, sino testosterona. La carne adulterada con hormonas estuvo adulterada con “estanozolol”, que es testosterona sintética, o con “clembuterol”, que es un simpático mimético. En el caso del estanozolol (repito que es testosterona) sube toda la masa muscular del animal. Aun así, no se demostró que comer el músculo fuera tóxico; la toxicidad venía de comerse el hígado del animal. En el caso de “clembuterol”, el mecanismo de acción era que aumentaba la energía del animal, algo así como un “redbull” para animales, de manera que al ejercitarse más tenían más masa muscular. En ambos casos tomarse la carne de un animal medicado puede no ser sano, pero de ninguna manera hubiera podido producir una pubertad precoz femenina. Es más, en una niña que estuviera recibiendo testosterona a través de los alimentos, lo que hubiéramos visto sería un retraso de su pubertad real, nunca un adelanto, y si la dosis hormonal hubiera sido suficiente, el primer síntoma de la niña hubiera sido la aparición de vello, pero jamás una pubertad precoz.

Hago un inciso para decir que en España es virtualmente imposible que un pollo (o cualquier otro animal de granja) haya recibido hormonas. Las granjas pasan controles veterinarios y ningún granjero va a correr el riesgo de que cierren su explotación. Si aun así alguien administrara testosterona a su ganado, aún queda el control que hace el veterinario del matadero y los controles aleatorios que hace Sanidad con los alimentos que ya están comercializados. Vamos, que es virtualmente imposible que en España alguien compre un pollo hormonado, pero, en todo caso, estaría hormonado con testosterona y la testosterona no produce pubertad precoz en niñas.

Pero, ¿y si a pesar de todo el pollo tiene estrógenos? ¿qué pasa si mi niña recibe estrógenos de una crema hidratante o de un alimento, o si toma por accidente una píldora anticonceptiva? Pues posiblemente no pasaría nada. Inducir la pubertad, cuando se hace “a propósito”, es un proceso complejo, de muchos meses y a veces de muchos años.  Las hormonas se deben dar a dosis creciente, con una combinación muy específica y en momentos concretos del día (se suele empezar con una dosis nocturna). Usando dosis farmacológicas de estrógenos y progestágenos se consigue muy tardíamente la maduración del pecho. Eso quiere decir que, aunque no es recomendable que su niña se tome  por error una caja de anticonceptivos, lo más seguro es que no le pasara nada y mucho menos que desarrollara una pubertad precoz.

Pues bien, dicho esto, sigo viendo con relativa frecuencia a padres que acuden con sus hijas preocupados por las hormonas de los alimentos (sobre todo en la pechuga de pollo y los huevos). Es tal la implantación del mito, que algunos pediatras miden mensualmente los niveles de estrona de la niña y, cuando está alta, le recomiendan que coma “pollo ecológico” o que de ninguna manera tome pollo.

¿Qué hago si mi hija tiene una pubertad precoz? Si ustedes creen que su hija tiene una pubertad precoz o temen que la pueda tener, lo que deben hacer es acudir al pediatra o al endocrino para que realice un estudio. El estudio básico habitual es una exploración física, un análisis de hormonas y una determinación de la maduración de los huesos que se hace mediante una radiografía de la mano.

La inmensa mayoría de los niños y niñas con sospecha de pubertad precoz no tiene una pubertad precoz. Pero, si se confirmara, el pediatra o el endocrino les recomendarán los pasos a seguir, que suelen pasar por un bloqueo hormonal.

Aquí de nuevo surge el miedo de los padres a “las hormonas” y la típica pregunta, ¿puedo tratar a mi hija con pubertad precoz sin utilizar hormonas, sólo con la alimentación?

La respuesta corta es que no. La alimentación, en el sentido de evitar que la niña engorde, se debe controlar antes de que aparezca el problema. Una vez que se ha desencadenado una pubertad precoz, ya no se puede controlar con la alimentación. Si la niña tiene obesidad, lógicamente hay que revisar la alimentación hábitos de ejercicio, etc, pero esto se hace por la salud general de la niña y no porque pueda frenar la pubertad. Por poner un ejemplo, yo puedo evitar tener una lesión de patinaje utilizando rodilleras, pero, una vez que me he roto la pierna, las rodilleras ya no me ayudan: deberé usarlas en el futuro si quiero volver a patinar, pero a corto plazo tengo que ir al hospital para que me arreglen el hueso roto.

La pubertad precoz se trata con bloqueantes hormonales que, por sí mismos no son hormonas, sino medicamentos que evitan que la hipófisis estimule a los ovarios. (La hipófisis es la “glándula jefe”, que está en la cabeza). Hay muchos tipos de tratamiento y diferentes tipos de administración: algunos son pinchados, otros son pastillas… Algunos “vacían” la hipófisis, otros bloquean los receptores de la hormona, otros bloquean la trasformación de la hormona a su forma activa… Son tratamientos complejos que se deben adaptar a la situación personal de cada niña, pero que no pueden ser sustituidos por una buena alimentación.

En resumen:

  • Un engorde rápido puede desencadenar la pubertad en una niña; esto se debe a la producción de estrona en la grasa de la niña.
  • La pechuga de pollo es el músculo del animal.
  • Para conseguir más carne (es decir, más músculo) la adulteración se hacía con testosterona (“hormona masculina”) y con clembuterol (un “redbull” animal).
  • Ni la testosterona ni el clembuterol pueden inducir pubertad precoz en una niña.
  • Mantener un peso adecuado y estable puede prevenir algunos tipos de pubertad precoz en niñas.
  • El diagnóstico de “pubertad precoz” lo debe hacer un médico, la mayoría de las niñas que acuden para valoración no tiene una pubertad precoz.
  • Una vez producida la pubertad precoz, el proceso es imparable y debe tratarse con medicamentos.
  • A día de hoy, en España, es virtualmente imposible encontrarse un animal tratado con hormonas de engorde.

 

by Ángeles Vidales Miguélez

Médico Especialista en Endocrinología y Nutrición, col 474706421

NYEVA – CLÍNICA MÉDICA DE ENDOCRINOLOGÍA Y NUTRICIÓN EN VALLADOLID

Registro sanitario 47-C21-035