Una pregunta recurrente de las personas con problemas de tiroides es de qué manera pueden adaptar su dieta para mantener sano a su tiroides.

El tiroides utiliza yodo para producir sus hormonas. Presenta gran avidez por el yodo y es capaz de almacenarlo y reutilizarlo para mantener su producción hormonal incluso en temporadas en que no reciba yodo de la dieta. Cuando el tiroides no dispone de suficiente yodo, tiende a crecer para tratar de mantener su nivel de trabajo. Un tiroides grande es lo que se llama “bocio” y una de las causas más habituales en España ha sido, hasta hace no muchos años, el déficit de yodo.

El déficit de yodo y el bocio asociado a él eran tan habituales en algunas regiones, que el abultamiento del cuello se consideraba un rasgo físico bello, hasta el punto de reflejarse en el arte de la época y existir refranes del tipo “qui no tie papu no e guapu” (el que no tiene papo no es guapo).

El problema se resolvió, aunque sólo parcialmente, con la decisión del gobierno de yodar la sal de consumo en los años 80. De este modo, incluso las familias que no tomaban sal, recibían yodo al adquirir alimentos que se habían elaborado con sal yodada, como una simple barra de pan.

La yodación de la sal alivió una parte del problema, de modo que dejaron de verse personas con el cuello abultado y se frenó el nacimiento de niños con falta de desarrollo neurológico a consecuencia del hipotiroidismo severo materno. Sin embargo, España sigue siendo un país con deficiencia endémica de yodo, siendo Castilla y León, Castilla-La Mancha, Andalucía y Extremadura las regiones más afectadas, según estudios de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición.

Por tanto, si vives en España, es probable que presentes déficit de yodo. No un déficit severo, ya que esto se ha mitigado con la yodación de la sal, pero sí un déficit moderado que puede ponerle las cosas difíciles a tu tiroides.

Simplificando un problema que es mucho más complejo, al tiroides le beneficia una dieta rica en yodo. Los alimentos con mayor cantidad de yodo son las algas, el pescado azul y los mariscos. En general, todos los alimentos procedentes del entorno marino son ricos en yodo, ya que el yodo es un componente de la sal del mar. También aportan yodo las legumbres y algunas verduras como el brócoli, pero ésto solo sucede si se han cultivado en suelos ricos en yodo. Lo mismo pasa con la carne de pollo: sólo es rica en yodo cuando el animal se ha criado en un entorno rico en este elemento.

También simplificando mucho, al tiroides le perjudican los alimentos que impiden que el yodo sea asimilado por el cuerpo, como las coles de Bruselas, los nabos, y algunas semillas y frutas. Los nabos son los tristemente llamados “terminadores” que durante años se le dieron a los cerdos antes del sacrificio en la creencia de que los iba a “hinchar”.

Al igual que al tiroides le perjudica no recibir yodo, también le perjudica recibirlo en exceso, sobre todo cuando partía de una situación de hambre de yodo. Esto sucede con el “betadine” (un desinfectante) y con los contrastes yodados que se administran para realizar algunas pruebas diagnósticas: de pronto, el tiroides del paciente, que estaba agrandado y ahorrando yodo, recibe una megadosis de yodo que de inmediato asimila, lo cual hace que se bloquee y cese su producción hormonal. Este bloqueo por exceso de yodo, por lo general, dura menos de dos semanas y en términos globales finaliza con un tiroides “feliz”, que ya ha acumulado reservas de yodo para una buena temporada.

Mención aparte merecen los tiroides enfermos, con tendencia a un exceso de producción hormonal, a los que además se les administran de manera crónica grandes dosis de yodo. Esto fue un clásico de las consultas de endocrinología en las buenas épocas del medicamento “trangorex” (amiodarona), muy rico en yodo, y que se utiliza para tratar un tipo de arritmia muy frecuente, la fibrilación auricular. Aunque la realidad es que la mayoría de los tiroides agradecen el aporte de yodo del trangorex, en personas predispuestas pueden presentarse casos de hipertiroidismo (exceso de producción de hormonas tiroideas). Es por esto que en algunas personas con enfermedad de Graves (hipertiroidismo autoinmune) o con algunos tipos de bocio (crecimiento de tiroides) o algún caso especial de nódulos tiroideos (nódulos autónomos) se desaconseja la suplementación de yodo. Sin embargo, en población general, la norma es que el yodo es bueno para el tiroides.

Decía antes que el déficit de yodo era la causa más habitual de hipotiroidismo en población española y que se solucionaba con yodo. Dado que ahora mismo el déficit de yodo no es tan severo, la causa más habitual de hipotiroidismo ya no tiene nada que ver con el yodo, sino con los anticuerpos.

Los anticuerpos son “defensas” de nuestro cuerpo para combatir tumores, virus y bacterias. En algunos casos se convierten en “auto-anticuerpos”, que atacan por equivocación a partes sanas de nuestro cuerpo. El tiroides es una víctima habitual de los auto-anticuerpos y los más habituales son los TPO (el anticuerpo de la “tiroiditis de Hashimoto) y los anti-tiroglobulina. Ambos tipos de anticuerpo tienen dependencia de estrógenos y por eso los hipotiroidismos autoinmunes son más frecuentes en mujeres y mucho más frecuentes durante los embarazos, en que suben los estrógenos.

Cuando la causa del hipotiroidismo son los auto-anticuerpos, es obvio que el problema no se puede resolver aportando yodo. A pesar de ello, un tiroides atacado por anticuerpos agradece que no le pongan las cosas más difíciles con un déficit de yodo, por lo que, incluso en casos de tiroiditis autoinmunes, el aporte de yodo puede aliviar el sufrimiento del tiroides.

Volviendo a la dieta, es difícil aportar la cantidad necesaria de yodo sólo con la dieta. Si te gusta la comida japonesa y consumes algas con asiduidad, posiblemente tengas cubiertas tus necesidades de yodo. En el resto de los casos, incluso consumiendo una dieta que oficialmente parezca rica en yodo, es probable que el aporte no sea suficiente.

Se puede hacer una valoración del aporte de yodo midiendo su excreción en orina, pero es un análisis que pocas veces se realiza de rutina.

Ante la duda, y en situaciones en que es importante que el tiroides no falle, como un embarazo, lo más sensato es tomar un suplemento con yodo. Para población general es suficiente un aporte de 200 ug diarios de yodo y para las embarazadas lo ideal sería llegar a los 300 ug. En personas con antecedentes de problemas de tiroides puede ser necesario tomar a diario el suplemento de yodo o, como mínimo, tomarlo por temporadas de varios meses cada año.

Resumiendo las recomendaciones dietéticas para el tiroides:

  •  Utiliza siempre sal yodada.
  • Trata de consumir alimentos ricos en yodo, como algas, pescado azul y verduras procedentes de regiones costeras.
  • Ante la duda, y sobre todo si ya tienes problemas de tiroides o planificas un embarazo, es preferible tomar un suplemento de yodo.
  • El yodo no tiene capacidad para revertir o curar una tiroiditis autoinmune, pero puede facilitarle la vida a un tiroides que está siendo atacado por anticuerpos.
  • Los casos en los que hay que restringir el yodo de la dieta son poco habituales, y si ésa es tu situación, te lo indicará tu médico.
  • Ante la duda, siempre es bueno hacerse un análisis básico de hormonas tiroideas y de anticuerpos y una ecografía.

 

by Ángeles Vidales Miguélez

Médico Especialista en Endocrinología y Nutrición, col 474706421

Registro sanitario 47-C21-035